Pues la vida me ha enseñado de a pocos a no fiarme de las expectativas y quizás por esto ser un poco “cagón”, si eso, que me lo han dicho. Ese poco entusiasmo por que me sorprendan es poco creíble en mí. Vivo pensando en cual podría ser el peor resultado de algo que haga y no creo que la carencia de expectativas me hagan pesimista.
No me creo pesimista, no lo soy a decir verdad, simplemente pienso en todos los posibles resultados para así no llevarme una decepción. Esto es una especie de escudo en mí, un escudo que evita me sienta mal y me aleja del dolor. Por tanto es un mero mecanismo de defensa.
Las expectativas de mi vida son la esperanza de encontrar algo que me haga creer de nuevo, algo que me haga sentirme más, que me lleve al cielo y me traiga de vuelta, algo especial o simplemente algo que me saque de mis casillas. Las pequeñas cosas simples de la vida son suficientes, pero para apreciarlas aun más, necesito que pase algo no tan simple. Aquellos enredos que a nadie le gustan, tener que hablar con alguien, sentirlo como una obligación y hacerlo con desgano, pero cuando conteste que nos cambie la cara y se nos dibuje una sonrisa.
El afán de vivir tranquilo y divertirme pueden llevar a la idea general de que no se busca algo serio, pero la conclusión es que si y no. Si, porque uno prueba para poder decidir y no porque le da cierta complejidad a la vida propia y estando esta un poco desordenada no me sentiría bien desordenando a alguien mas.
Al fin son las expectativas de experimentar y de conocer algo mas lo que nos llevan por los diversos caminos que recorremos durante nuestras vidas. Expectantes, esperanzados, aliviados, extasiados, inconformes o como nos sintamos, debemos de hacerlo con todo nuestro ser y no dejar que un mal resultado nos hunda, en cambio aprendamos de las experiencias y salgamos adelante con algo nuevo y aprendiendo de nuestro dolor.
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