sábado, 21 de marzo de 2009

¡No lo hagas!


Una frase tan corta, sencilla y tan usada. Además tiene un gran significado. Nos pone una especie de parche con respecto a alguna actividad que deseemos hacer. No necesariamente le hacemos caso y esto puede traer diversas consecuencias. El destino muchas veces nos dice: “No lo hagas”, simplemente nosotros decidimos. Decidimos equivocarnos o acertar, pero como predecir los resultados si no lo intentamos.

La habilidad del destino para hacer que nos demos cuenta de que tan retorcidos son sus caminos es increíble. En un momento podemos estar de lo mejor y de pronto alguna noticia llega para hacer que toda nuestra alegría cambie a algún estado de animo menos confortable. Las cosas pueden cambiar en menos de lo que un reloj hace tic tac.

De niños pocas le solemos dar muy poca importancia a cosas que, ya de grandes, notamos como realmente relevantes en nuestras vidas. Es muy común que los adultos les digan a los pequeños infantes que no hagan algo. Es que en la experiencia del adulto ya se sabe el resultado, pero donde queda el proceso de aprendizaje del niño.

La frustración y el manejo de esta es una etapa por la que debemos pasar, de lo contrario podríamos resultar unos adultos poco criteriados. Pero como saber distinguir el límite entre lo que le podemos permitir a un niño hacer y no hacer sin frustrar su desarrollo. Probablemente nunca lo descubriremos, y los niños se verán expuestos o limitados, según sea el caso.

Ya de grandes podemos escuchar consejos que nos invitan a dejar de hacer ciertas cosas. A veces los tomamos y a veces no. La mayoría de las veces sin arrepentirnos, pero con cierto sinsabor de que algo falta. Creo que en todo caso lo mejor es experimentar y equivocarse que quedarse con las ganas de hacer algo sin saber nunca como hubiera resultado.

En lo personal nunca estoy totalmente seguro de las cosas que hare, suelo pensar de mas en los posibles resultados, pero como le dije a alguien hace poco: “Como podremos encontrar lo que buscamos si es que no nos arriesgamos”. Si algo sale mal debemos de aprender de ello y de a pocos sacudirnos los contratiempos y salir adelante.

Dedicado a quienes gustan de los riesgos, a quienes no son del todo normales, a los callejeros, a los que no se visten acorde lo socialmente aceptado o acordado y a todos los que somos en algún porcentaje desadaptados. En resumen se lo dedico a mis amigos y a los que quiero por que son como son y no les importa el resto.